Tras estar todo el sábado en una capea en Torres con los amigos, decidí quedarme en casa por la noche y es que además del cansancio propio de una jornada así tenía un motivo más para no salir: quedarme en casa viendo la corrida de rejones de Madrid.
Tenía especial interés por ver a Álvaro Montes en Madrid y me quedé gratamente sorprendido, y a la vez muy impresionado.
Con la Plaza muy a favor de Hermoso de Mendoza y bastante hostil con Fermín Bohórquez, Álvaro estuvo a una gran altura. Para mí, francamente, estuvo enorme.
En su primero, desde que lo recibió con la garrocha hasta el rejonazo final anduvo sobrado, entregado al toro y al público. Muy centrado, sabiendo lo que quería, gustándose. Sinceramente creo que es la vez que mejor le he visto. Una oreja que en verdad me pareció poco trofeo para como estuvo y sin ir más lejos así se reflejó con la insistencia en pedir el segundo trofeo por parte del público, tal y como se manifestó con la bronca posterior al presidente.


Todo esto me viene a recordar lo que hace un mes yo mismo comentaba en el homenaje que el Círculo Cultural Taurino de Jaén rendía al "Centauro de Jaén": que para los aficionados de esta tierra no debe haber mayor orgullo que ver a un paisano cruzando a hombros la puerta grande de Las Ventas y que lamentablemente, a excepción de los reductos taurinos de la prensa local, un éxito así apenas pueda trascender en los medios de comunicación.
Fotos: Juan Pelegrín. www.las-ventas.com
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